No es momento de reivindicar el valor de la mentira, pero hay cosas que deben guardarse bajo llave. Hay cosas que sólo suenan bien cuando se esconden o se dicen al revés. Hay cosas que cuidar. Y yo paso demasiado tiempo sacando la cuenta de mis propias culpas y por más que trato siempre acabo en rojo.
D me mandó al carajo poco después. Qué remedio. En esos días, cuando se podía vivir sin teléfono y simpatizar sin reparos con la izquierda de trasnoche, D vivía sin teléfono y simpatizaba sin reparos con la izquierda de trasnoche. Yo, en cambio, así es la vida, estaba empeñado en agarrarle las tetas. Lo que nunca ocurrió.
Bla, bla, bla, bla, bla, no puedo contigo, explicó, y se fue para siempre a su mundo. No la volví a ver.
Durante años me persiguió el recuerdo de X como la imagen del muerto que acosa hasta en sueños a su propio asesino. Con el tiempo comenzaría a escribir poemas con cierta diligencia, me olvidé bastante de la música clásica, aprendí a tocar la guitarra y el cajón. En cierto modo, la adultez se encargaría de poner cada cosa en su lugar, pero la imagen de X era siempre la tarea pendiente.
Así que un día, casi diez años después, decidí ir a verla.
Y qué más pasa??? Tienes que terminar esta historia si no quieres ser responsable de que no pueda dormir pensando en mis propios fantasmas. Vecino! Exorcízame…
Maistro, yo creo que usted está pensando en comenzar a cobrar algo así como “pago por evento” con su blog y por ello la está haciendo cansada con la historia… ¡Termine ya!
Qué pasajes los suyos eh!
PD Qué necesitados de un poco de erotismo y romance andamos los demás.