Me jode la gente que mira el mar y se pone a pensar sobre la vida. Me jode. Mucho. Nada más predecible que ver ese montón de agua movediza y pensar en cierta inmensidad, cierta trascendencia, cierta realidad misteriosa que empieza en la cotidianidad de las sardinas y termina en la existencia de la Atlántida. En fin, esa mañana desperté, vi el mar y me puse a pensar sobre la vida.
Mi hermano S y yo somos grandes amigos. S está loco. Todo el mundo lo quiere porque está loco. Yo no. Es una cojudez ponerse a sacar la cuenta de por qué quiere uno a nadie, pero de niños jugábamos a todo juntos, compartíamos el mismo cuarto, íbamos al mismo colegio, veíamos los mismos programas en la tele, y creo que de tanto de todo eso se me hizo de puta madre contar siempre con él.
La adultez comenzó a cambiarlo todo. Y está bien. Como suele suceder, cada quien comenzó a distinguirse en las pequeñas cosas: tú Slayer, yo Poncho Sánchez, y cada quien con lo suyo, nadie nos quita lo vivido y al final tan patas como siempre.
Podría escribir una novela entera sobre mi hermano. Pero no ahora. Ahora iba a contar sobre este asunto del mar.
Continuará…
Debo admitir que también me jode la gente que mira al mar y piensa en la vida, sobre todo cuando lo mira con más frecuencia que yo. A ese tipo de personas no las tolero, porque la envidia me consume. :p
Pero a poco querido no somos chiquitos frente al mar!!!
Jajajajajaja.